Omar y Ander rompen y se separan

Hacía mucho tiempo que una relación gay en un programa de televisión no me afectaba de forma tan profunda y duradera, no desde Willow y Tara's en Buffy la cazavampiros. Pero al menos Ander y Omar de la serie de Netflix Serie en español Elitea pesar de sus dificultades, llegan a un lugar mejor y más comprometido que las dos jóvenes brujas lo hizo. Ciertamente, la relación de los chicos ha demostrado tener más posibilidades de sobrevivir.

Esa es la razón por la que me importa tanto: tienen una oportunidad y está claro que se quieren.

Así que no puedo quitarme de encima la emotividad de sus múltiples rupturas y, todo hay que decirlo, la mierda e incoherencia con la que Ander ha tratado a Omar. (Utilizo el presente perfecto con la esperanza de que continúen como pareja en la quinta temporada, aunque Ander se marchó al atardecer con su amigo heterosexual Guzmán al final de la cuarta).

Le he gritado a Ander en más de una ocasión a lo largo de mi visionado de la serie. Puedo perdonar, y cualquiera debería hacerlo, las indiscreciones sexuales -eso es sólo que los tíos son tíos en los momentos menos oportunos- pero la crueldad emocional no podría perdonarla.

Sin embargo, en una serie repleta de relaciones jodidas, y que trata sobre todo de la impunidad (y de la culpa por ello), Omar y Ander son la pareja central, la que se va deshaciendo, pero que luego se vuelve a unir, se recupera y se renueva. Eso es algo que merece la pena saborear.

Sin embargo, los momentos más impactantes para mí ocurren en la cuarta temporada, cuando Ander rompe con Omar para ir a... encontrarse a sí mismo, supongo. El acto destroza a Omar, que se derrumba, pero es igualmente duro para Ander.

 

Ayúdame?

 

Encuentra consuelo en el amigo común de la pareja, Samuel. Aquí, Samu se queda con él y le tiende la mano. Ander tiembla, se derrumba y dice: "No puedo respirar".

Esta tierna y emotiva escena me recordó a otra similar que viví en la universidad después de que mi primer novio me informara el primer día de vuelta al campus de que había encontrado a otra persona durante el verano. Mi compañera de cuarto, Janet, estuvo allí para mantenerme en pie, aunque a duras penas.

Lo que más nos atenaza en momentos como éste, y por lo que parece que hemos perdido el equilibrio o que, de hecho, el mundo se nos ha caído encima, es la sensación de que el propio futuro se ha cerrado.

Cualquier fuente de alimento y sustento en la que nos apoyábamos unos segundos antes ha sido arrancada o aplastada, como un robo o un accidente de coche.

Como un puñetazo en las tripas.

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